martes, 6 de mayo de 2014

El clasismo en la dirección del SMATA Córdoba

[Vamos! Nº27]  René salamanca y el clasismo antiimperialista. nota 4.



Del 8 al 10 de mayo de 1974 se realizaron las nuevas elecciones en el SMATA Córdoba. Se presentaron tres listas. La Lista Marrón postuló nuevamente a René Salamanca y Romero como secretarios General y Adjunto. El PC formó la Lista Anaranjada. Un sector del peronismo, alineado con el SMATA Nacional conducido por el “peronista” prorruso José Rodríguez, presentó la Lista Gris. Ya no estaba la dictadura de Lanusse. Ahora Perón en persona estaba en el gobierno.
Con una gran participación, el 83% de los empadronados, la Lista Marrón se impuso nuevamente en el SMATA Córdoba con 4.027 votos, el 52,6%. La Gris obtuvo 2.770 votos (36,2%) y la Anaranjada 793 (10,3%). Era un gran avance: en 1972 se había ganado por algo más de 300 votos, ahora la diferencia era de casi 1.300. Tras dos años de experiencia, los mecánicos ratificaron una dirección clasista y profundizar el camino de la democracia sindical y la lucha.
Balanceando el triunfo, Salamanca decía: “Este triunfo es un triunfo de todos los mecánicos, porque garantiza y posibilita la profundización de la democracia sindical y la participación de las masas en el frente de las luchas que el porvenir nos depara”. Y remarcaba: “Sin lugar a dudas, nuestro compromiso de aquí en adelante va a ser luchar por algo que ha quedado tal vez un poco resentido en el camino, fundamentalmente luchar por la unidad de todos los mecánicos combativos, excluyendo a los traidores”. (Nueva Hora Nº141, 2da quincena mayo 1974)

La gran lucha del SMATA Córdoba y la intervención
La situación política continuaba caldeándose, en medio de las dificultades para sostener el Pacto Social debido a la inflación que había, mientras seguían congelados los salarios. En junio de 1974 el Gobierno aprobó la Ley de Contrato de Trabajo, que sancionaba importantes derechos laborales; y más adelante planteaba un proyecto de Ley Agraria, fuertemente rechazado por la Sociedad Rural Argentina. Al mismo tiempo, sancionaba la Ley de Seguridad, declarando ilegales las huelgas en reclamo de mayores salarios.
Con la Lista Marrón ratificada como dirección, los mecánicos cordobeses decidieron en asamblea dar inicio a un plan de lucha reclamando un 60% de aumento salarial para compensar la inflación y el reconocimiento de la insalubridad en las secciones de forja, pintura y galvanoplastía.
En el medio de esto, el 1º de julio moría el presidente Juan Domingo Perón. La Comisión Directiva del SMATA Córdoba resolvió el abandono de tareas y adhirió al duelo nacional. Días después, en un comunicado, expresaba: “La muerte del hombre que por tres veces fue elegido por la voluntad popular para dirigir los destinos de la Patria, encierra mucho más que la extinción de una vida; queda tras de sí la trayectoria y obra de quien fue el depositario de las esperanzas de sectores humildes y postergados. La hora actual, que ha llenado de congoja a millones de argentinos, impone con más firmeza que nunca la necesidad imperiosa de cerrar filas junto a nuestra organización sindical y los cuerpos orgánicos, manteniendo bien alto nuestras banderas antipatronales, antiburocráticas y antiimperialistas, con el firme convencimiento de que la unidad en la lucha sin distinción de banderías hará posible la concreción de los objetivos que los trabajadores mecánicos y el pueblo tienen fijados”.
Isabel Perón asumía la Presidencia. La mayoría de los mecánicos cordobeses, peronistas, empezaban a preguntarse hacia dónde iba a ir el país tras la muerte de su líder.
Los obreros del SMATA Córdoba decidieron seguir la lucha, que empezó a cobrar una gran trascendencia nacional. Desde la empresa IKA-Renault, el Ministerio de Trabajo dirigido por Ricardo Otero -otro “peronista” prorruso- y el SMATA Nacional de José Rodriguez se los acusaba de violar el Pacto Social. La solidaridad del movimiento obrero de Córdoba se iba extendiendo, y se realizaron actos y movilizaciones en apoyo.
Mientras el accionar para debilitar al gobierno de Isabel Perón se intensificaba, se ponían en marcha los  planes de golpe de Estado pro imperislista. Planes encabezados por las dos superpotencias imperislistas -EEUU y la URSS- y sus socios internos.
El 8 de agosto el SMATA Nacional dirigido por Rodriguez decidió la intervención de la seccional Córdoba, expulsando del gremio a Salamanca y todos los miembros de la Comisión Directiva. El Ministerio de Trabajo congeló las cuentas del SMATA Córdoba y la IKA-Renault envió telegramas de suspensión a 2.800 trabajadores. Pero a pesar de la intervención y los ataques, en sucesivas asambleas los mecánicos ratificaron a la Lista Marrón y a Salamanca como su dirección y decidieron seguir firmemente la lucha reivindicativa, sumándole ahora el reclamo de la recuperación del sindicato.
El 6 de septiembre el brigadier Raúl Oscar Lacabanne era designado Gobernador Interventor de Córdoba. El 16 de septiembre caía asesinado Atilio López.
En este contexto y tras tres meses de conflicto, en una asamblea en Santa Isabel la mayoría de los obreros decidieron aceptar la oferta salarial de la patronal, levantando la huelga por 10 días mientras se seguía reclamando el reconocimiento de la Directiva destituida.
Las condiciones de la lucha se tornaron cada vez más difíciles. Salamanca mantuvo estrecho vínculo con las masas obreras y, en su carta de octubre de 1975, haría público un análisis y un balance sobre la lucha del SMATA, habiendo tomado ya una clara posición contra el golpe de Estado en curso (como se ve en su carta de diciembre de 1974).

Contra el golpe y por la liberación
A fines de 1974 el PCR tomó la definición de poner el centro de su política en la denuncia y la lucha contra el golpe de Estado contra el pueblo y el gobierno peronista. Salamanca y Gody Álvarez (fundador y secretario del PCR cordobés), ambos miembros del Comité Central del PCR, impulsaron a fondo esta política. Inmediatamente Salamanca va publicando una serie de cartas a los trabajadores. Publicamos en forma íntegra la carta titulada Carta a los compañeros trabajadores: Tareas de la clase obrera para frenar el golpe y profundizar la liberación, de octubre de 1975.
Finalmente, el 24 de marzo triunfó el golpe de Estado. Cumpliendo con lo que habían resuelto, los mecánicos de Córdoba pararon contra el golpe; pero la mayoría de la clase obrera y el pueblo quedó neutralizada.
Esa misma madrugada René Salamanca fue secuestrado y desaparecido, iniciando la larga lista de 30.000 desaparecidos que dejaría como saldo la dictadura. Fue trasladado al Centro Clandestino de Detención “La Perla”, dirigido por Benjamín Menéndez. Con la coherencia con la que había vivido sus intensos 35 años, en su última batalla derrotó a los torturadores con el silencio.
Un mes después, el 23 de abril, fue secuestrado también César Gody Álvarez, ferózmente torturado y asesinado.
René y Gody, comunistas revolucionarios, vivieron y murieron luchando por los intereses de la clase obrera y del pueblo. Hoy, en el resurgimiento del clasismo antiimperialista en el movimiento obrero, en cada lucha, les decimos presentes. Hasta el triunfo de la liberación nacional y social, en marcha ininterrumpida al socialismo.




Carta de René Salamanca publicada en octubre de 1975
Carta a los compañeros trabajadores:  Tareas de la clase obrera para frenar el golpe y profundizar la liberación

Los obreros argentinos no podemos reflexionar hoy fuera de un marco concreto: la patria está en peligro; como en todas las horas decisivas (como en el 30, el 45, el 55, el 66 y el 69) tenemos frente a nosotros dos opciones. O se profundiza la dependencia del imperialismo, el poder de los monopolios y los terratenientes y la superexplotación popular, o se profundiza la liberación, la marcha revolucionaria del pueblo con los trabajadores a la cabeza. El primer camino es el camino del golpe contra el gobierno peronista de la señora Presidente, golpe que puede ser proyanqui o prorruso, porque las dos superpotencias conspiran y buscan someternos. El segundo camino es el de la lucha antigolpista, para aplastar a los conspiradores y avanzar a fondo en las tareas de la liberación y la unidad de los patriotas. Yo creo que ésta es, en la actualidad, la gran misión histórica que tenemos por delante los obreros. Y también digo que, derrotados parcialmente los yanquis que encabezaba Onganía por las luchas populares nacidas con el Cordobazo, son hoy los sectores prorrusos los principales conspiradores, quienes desarrollan el plan golpista que está en curso. Terratenientes como Lanusse, grandes burgueses testaferros como Broner y Gelbard, traidores como Luder, milicos gorilas como Anaya y Massera, y jerarcas como Miguel, Herreras y Rodríguez son los principales eslabones de esa conspiración que trata de reemplazar el amo yanqui por la URSS, donde desde 1956 han enterrado las banderas de Lenin y el proletariado para restaurar el capitalismo. Por su parte, la señora Presidente tiene clara la cuestión de las dos superpotencias, pero no enfrenta el golpe con profundidad, concilia –en el plan Rodrigo– con monopolios y terratenientes, y no se apoya en el auténtico patriotismo de las grandes masas. Por eso la han ido rodeando, por eso alientan los golpistas su relevo y la integración después de un gobierno “cívico-militar”. Pero yo creo que serán derrotados, que el movimiento obrero de mi país va a estar a la altura de su tarea histórica, y es en ese sentido que –como aporte– deseo revisar y trasmitir mi propia experiencia, la del SMATA cordobés.

Política de los sectores prorrusos en el movimiento obrero
Los sectores prorrusos, que favorecen la entrega de la patria al socialimperialismo de la URSS, trabajan en el proletariado por medio de dos grandes corrientes revisionistas: la PC, y por otro lado el trotskismo en sus dos vertientes, la ortodoxa y el terrorismo, que hacen un doble trabajo de política y de reclutamiento para las acciones directas. De todos modos, el eje fundamental es sembrar el apoliticismo; éste constituye una línea de la burguesía en el movimiento obrero, difundida en su época por los anarco-sindicalistas, por el sindicalismo amarillo y, en cierto modo, también por los socialistas. En tanto que en el peronismo este rasgo se da, pero contradictoriamente; desde un ángulo se lo estimuló con la conciliación de clase (por ejemplo la consigna: “Del trabajo a casa y de la casa al trabajo”), pero desde otro su carácter antiimperialista y las necesidades políticas obligaron al peronismo a politizar las luchas de los trabajadores en momentos claves, como en 1945 o en los años de la resistencia.
Los prosoviéticos, como burgueses que son, tratan de aprovechar esos factores. Su objetivo es diluir la lucha política independiente del proletariado, sembrando la conciencia economista y aprovechando –si pueden– las justas luchas económicas para su política por arriba. Un ejemplo reciente es que, mientras los trabajadores luchaban por la homologación de los convenios, la trenza de jerarcas montaba el dispositivo golpista impulsando la asunción de Luder en el Senado, preparando así el “golpe constitucional” contra la señora Presidente. En los sindicatos, con el pretexto de la “unidad” de toda la masa, proponen el “no hacer política”, fomentando el sindicalismo y el economicismo.
En sus variantes trotskistas más incendiarias e “izquierdistas”, empujan como principio la idea de lucha, lucha y lucha por las reivindicaciones, sin enmarcarlo en lo político. Para ver aquí otro ejemplo notable, recuerdo que en Grandes Motores Diesel ocuparon en junio la planta por 72 horas con motivo de las paritarias, pero en política –ante el ingenuo asombro de los activistas trotskistas– el conflicto fue capitalizado por Armentano y Lacabanne, como punta de lanza de la movilización de la CGT en Buenos Aires. Eso ocurre cuando una dirección sólo impulsa la lucha económica, que en definitiva puede ser capitalizada por cualquiera. Así, en estos casos las aprovecharon los prorrusos, pero también puede favorecer a los yanquis; el conflicto económico planteado en la mina El Teniente, en Chile, sirvió para la acumulación del golpismo proyanqui, que desembocó en la dictadura asesina de Pinochet. La falsa unidad, la absolutización de lo económico y, a la vez, la minimización de la política son rasgos generales del “clasismo” que ellos definen. En Villa Constitución practicaron el economismo progolpista, buscando también empalmar los hechos terroristas con el movimiento de masas; el peligro de la preponderancia de esas ideas yo lo expresé a los cuerpos orgánicos de esas fábricas, y al propio Piccinini, en varias discusiones durante 1974. En el caso de Sitrac-Sitram, también observamos un ejemplo de instrumentación, cuando la justa lucha contra la dictadura proyanqui, en el Viborazo, terminó con el recambio palaciego de Lanusse. En esta experiencia, luego, se cayó en un economismo desenfrenado y en una política proterrorista que condujo a su liquidación; los voceros de algunos grupos armados decían: “Trescientos despidos, no importa, son trescientos nuevos guerrilleros”. Así el terrorismo, con su línea aventurera e instrumentable desde arriba, destruye la posibilidad de acumulación del movimiento obrero, y en este plano liquida todo lo que toca. En nuestro SMATA lo vimos actuar con las mismas intenciones, contribuyendo con los asesinatos de Goya y Swuin al plan general prosoviético de rodearnos y desplazarnos. Pero el hecho de que entre nosotros nunca fueron hegemónicos lo señala que hoy el SMATA sea un bastión antigolpista, mientras donde ellos –desgraciadamente– dirigieron no han dejado nada, sólo ideas negativas para los trabajadores.

Tácticas en el SMATA cordobés
En el SMATA Córdoba la política prorrusa trabajó con dos tácticas sucesivas. En la primer [comisión] directiva, de mayo de 1972 a mayo de 1974, buscaron hacer una dirección gremial sindicalista, sin definiciones políticas e invocando la unidad. Su ambición entonces era convertir al SMATA en un gremio sin perfil, segundón de Luz y Fuerza. En la segunda directiva, batida el ala PC –que como partido apoyó a la Lista Naranja– fue dejada el ala trotskista, con la que trataron de dividir a la masa y aislarnos a nosotros. En ese sentido produjeron varios hechos:
En el “navarrazo” empujaron la expulsión de los delegados peronistas del Cuerpo de Delegados, acusándolos de “fascistas”. Su objetivo era crear la falsa división “fascismo-antifascismo” o, con más precisión, “peronismo-antiperonismo”, dentro de la más tradicional línea gorila. Pero este intento fue desmantelado por nosotros.
En la integración de la Lista Marrón de 1974 hicieron lo imposible por sectarizarla e impedir la inclusión de compañeros peronistas, pese a nuestra batalla por compartir responsabilidades con compañeros peronistas y radicales.
Durante la campaña electoral, y sobre todo después del triunfo de mayo del ’74, se continuó estimulando la división de la masa. El 11 de mayo, cuando se anunciaron los resultados del escrutinio en Luz y Fuerza, Nájera, de Vanguardia Comunista, y Palacios de la junta electoral, se lamentaron señalando que se había ganado por 1.000 votos, pero que en el SMATA quedaban “3.000 fachos”. Yo dije que quedaban 3.000 compañeros peronistas que habían votado a la Lista Gris, y con quienes debíamos soldar la unidad. Por su parte, poco después el trotskismo –con pasividad nuestra– evaluó equivocadamente que los cuatro mil votos marrones eran votos “contra Perón”. Y empujó a nivel de activo los reproches de los marrones a los compañeros peronistas, introduciendo concretos gérmenes de división.

El verdadero clasismo
Habiendo conocido, convivido y luchado contra estas corrientes –a veces no con la política más justa– afirmo que el verdadero clasismo impone que los obreros dirijan la lucha por la revolución nacional y democrática, en marcha hacia el socialismo. El verdadero clasismo no diluye la política detrás de la “unidad” ni de las “reivindicaciones”; pelea en cambio por los objetivos concretos del proletariado a la cabeza del combate por la liberación. El verdadero clasismo pone la política antigolpista, antiimperialista y patriótica al mando, y bate sin cuartel al revisionismo sindicalista y economista. El verdadero clasismo reitera hoy la necesidad de recuperar los cuerpos de delegados, las comisiones internas y los sindicatos, desde la lucha antigolpista en concreto, desde la derrota de los jerarcas y los divisionistas prorrusos, en el camino de profundizar la liberación, de acaudillar a todo el pueblo contra las superpotencias y sus cómplices, terratenientes, monopolios, jerarcas y poderosos. El verdadero clasismo acentúa la bandera de la recuperación, pero con la política al mando, con el objeto de derrotar al golpe. Así los traidores serán barridos, así vertebraremos movimientos de recuperación sindical de masas y no de activo como quieren los prorrusos. Así construiremos el frente único en la clase obrera, aglutinando desde las definiciones patrióticas y antigolpistas a peronistas, radicales, comunistas, socialistas, patriotas, y desde allí el proletariado avanzará a articular el frente único popular contra el golpe y las superpotencias.
Toda lucha reivindicativa tiene que estar impregnada de política a fondo. La política permite no confundir al enemigo principal, siendo hoy los rasgos generales de un marco político la lucha antigolpista y las diez medidas y cinco reclamos propuestos por el Partido Comunista Revolucionario, entre lo cual figura la nacionalización de los monopolios yanquis y golpistas, la confiscación de las tierras de los terratenientes, la nacionalización del comercio exterior y la banca y, entre otros aspectos, dar tierras y créditos a los compañeros del campo.

El conflicto de 1974
Quiero ser claro en una idea: los responsables directos, los que nos vieron como enemigo irreconciliable y provocaron nuestro desplazamiento en la conducción sindical del SMATA Córdoba, fueron los sectores prorrusos. Usaron contra los obreros mecánicos, y hay que subrayarlo, buena parte de los resortes de poder que tienen acumulados en la Argentina. Desde el punto de vista agresivo actuaron muchos que en el ’66 aplaudieron a Onganía y hoy están en el golpe contra Isabel; así Otero desde el Ministerio de Trabajo, Rodríguez desde el SMATA nacional y Miguel desde las 62 Organizaciones. Las empresas se plegaron al juego que les dictaba Gelbard, el testaferro de ALUAR, y hasta se usó a funcionarios de segunda línea, como el juez Hairabedián, un empleado de Brunello y de otros oscuros personajes.
Sin embargo, hubo una maniobra mucho más aviesa y peligrosa para el movimiento obrero que –como en parte lo hemos explicado– consistía en rodear al SMATA, en usar por un lado al trotskismo desde adentro, y al aparato de Tosco y Firmenich desde la periferia de esa dirección para aislarla de la masa peronista. La táctica de los prorrusos era, como dije, sembrar falsas polarizaciones. Y en ese sentido tuvieron éxito, tanto que el 24 de septiembre [de 1974], en la famosa asamblea de Santa Isabel, un sector mayoritario de la masa mecánica resolvió aceptar la reivindicación salarial y hacer un compás de espera en lo referente al avasallamiento de su conducción por Otero-Miguel-Rodríguez. ¿Esto pasó por desgaste, por agotamiento económico o por política? Yo digo que, fundamentalmente, pasó por razones políticas; la gente nos vio en realidad cercados y pensó: “Seguramente Salamanca también está en la joda”. Nosotros no fuimos claros ni a fondo, no le hablamos a la masa en términos políticos precisos, y entonces la masa nos vio dentro del golpe, como a Firmenich y Tosco, nos vio contra el gobierno peronista. Entonces los mecánicos, oponiendo a la situación su política patriótica, antigolpista, prefirieron esperar y no luchar por su dirección.
Por dificultades objetivas (es decir, por el cerco que iba desde el ministro prorruso Gelbard, a Otero, Rodríguez, Miguel, Brunello, Tosco, etc.), y por el peso en nosotros de ideas revisionistas, no fuimos a fondo, no pusimos la política al mando. Los términos de unidad de los mecánicos cordobeses comienzan a restablecerse desde el 26 de diciembre de 1974, cuando entra a las plantas una carta mía donde se define la lucha contra el golpe proyanqui o prorruso, y la defensa del gobierno peronista de Isabel Perón contra la conspiración de los dos imperialismos. Entonces, en base a la política, por un lado se nuclea lo patriótico antigolpista –que es realmente la masa–, y por otro los sectores minoritarios prorrusos y propatronales. Eso abre ahora el camino de la recuperación, aunque haya dificultades no superadas que todavía no permitieron esa meta y la libertad de nuestros presos. Empero, el ejemplo primero de Perdriel, luego repetido masivamente en Santa Isabel, en que se toma a fondo la idea antigolpista y el concepto de que los platos rotos los paguen los yanquis y los terratenientes, indican un modelo de la política al mando, de combinación de lo reivindicativo con lo político hacia la profundización del camino liberador, y de que así y sólo así se bate a los golpistas que pretenden montarse en las luchas del proletariado.

Peronistas y comunistas
revolucionarios
¿Qué está pasando en el movimiento obrero argentino hoy, qué perspectivas se abren para el futuro? Lo cierto es que el general Perón dejó corporizadas en los trabajadores un conjunto de ideas, que forman parte de su conciencia política y de las banderas del justicialismo. El valor de las reivindicaciones, la amenaza de la antipatria imperialista, de las dos superpotencias y nuestra pertenencia a los pueblos del Tercer Mundo, son algunos de esos elementos. Yo no creo –como los aventureros prosoviéticos– en la “desperonización”; los compañeros peronistas no van a dejar de serlo para convertirse en “miguelistas”, “herreristas” o “camporistas”, y su dirección natural, quien continúa y representa a Perón es la señora Presidente. Yo creo que los compañeros son peronistas por un proceso profundo, que respetamos, pero también sé que la necesidad del combate contra el imperialismo y el golpe, de profundizar la liberación, conllevan otros conceptos: la dirección del proletariado en ese proceso, la necesidad de aplastar al enemigo con el pueblo en armas, la articulación del frente único popular contra el enemigo principal, la existencia de un fuerte y gran Partido que desarrolle esa política. La necesidad histórica de estos rasgos para triunfar, llevará a los trabajadores a la negación crítica de su experiencia anterior para avanzar a un nivel superior: el marxismo-leninismo. Y nosotros, los marxistas-leninistas, comunistas revolucionarios, empalmamos con esa corriente negando y superando en los esencial las ideas y prácticas revisionistas, aplicando así el marxismo-leninismo a la realidad de nuestro país. Así luchamos por el fin de la dependencia, por la revolución democrática y nacional, y nos unimos a los compañeros peronistas y los demás patriotas contra el golpe de las superpotencias.
Esto tiene un destino ancho, y puedo asegurar que muchas de las conclusiones que he expuesto de nuestra experiencia en el SMATA cordobés no han sido de fácil resolución; a la luz de la vida y la política hemos pensado nuestra práctica y hoy lo escribimos, con la convicción de que ha de ser útil para el movimiento obrero. Porque reitero: tenemos por delante dos caminos. Yo sostengo que al golpe se lo puede derrotar, que nuestras tareas históricas los obreros las vamos a cumplir, que el pueblo argentino no quiere ser ni Chile ni Checoslovaquia(1), que yanquis y rusos serán aplastados, que a los trabajadores no nos desarmarán ni desmovilizarán los que quieren montarse en nuestras reivindicaciones y nuestro patriotismo. Finalmente, a los compañeros de Córdoba con los que deseo volver a reunirme, como en las horas más gloriosas y al lado de nuestros queridos presos, y a los compañeros del país a quienes llegue mi mensaje envío un fuerte abrazo. Y con fe en el futuro, en la patria y en la clase obrera reafirmo una consigna: sépanlo traidores, asesinos a sueldo del imperialismo, enemigos del pueblo, aunque nos cueste sangre, OTRO ‘55 NO PASARÁ.

(1) En Chile se había im puesto, en setiembre de 1973, el golpe fascista de Pinochet que derrocó a Salvador Allende. Checoslovaquia había sido invadida por la socialimperialista URSS en agosto de 1968.